lunes, 18 de septiembre de 2017

Primera Misa del Señor de los Milagros

Primera Misa del Señor de los Milagros ante las altas autoridades eclesiásticas y civiles



El 14 de septiembre de 1671 se ofició la primera misa ante las altas autoridades eclesiásticas y civiles, en la recientemente inaugurada ermita que se erigió por orden del virrey Pedro Antonio Fernández de Castro, Conde de Lemos, fecha que coincide con el día de La Exaltación de la Cruz, comenzándose a difundir el culto y a llegar de diferentes lugares numerosos fieles, comenzándolo a llamar al crucificado, Santo Cristo de los Milagros, o de Las Maravillas.

Un detalle muy resaltante fue la gestión del Párroco de San Sebastián y de Doña Margarita Andy Tebes Manrique de Lara para el traslado del Mural a dicha parroquia, pero no esperaron la negativa de las autoridades y de los fieles.

martes, 12 de septiembre de 2017

TRIDUO, SANTA MISA Y SOLEMNE PROCESIÓN DEL SEÑOR DE LOS MILAGROS DE VALENCIA ESPAÑA

La Hermandad del Señor de los Milagros de Valencia España, invita a la comunidad peruana, latinoamericana, valenciana y feligresía en general a la Festividad en honor al Señor de los Milagros.



TRIDUO
Jueves 05, viernes 06 y sábado 07
A las 19:00 hrs.

SANTA MISA Y SOLEMNE PROCESIÓN
Domingo, 08 de Octubre a las 15:00 hrs.

REAL PARROQUIA
EL SALVADOR Y SANTA MÓNICA

Plaza Santa Mónica  (Frente a las Torres de Serrano)

Los esperamos para acompañarlo y ser los pies del Patrón Jurado del Perú, el Cristo de Pachacamilla.

La Directiva
HSMV

CONVIVENCIA Y RETIRO ESPIRITUAL 2017


El pasado domingo 10 de Setiembre, nuestra Hermandad celebró su Retiro y Convivencia, en la salón de La Inmaculada en la Real Parroquia de El Salvador y Santa Mónica, en el que los hermanos y hermanas, dimos gracias al Señor de los Milagros por reunirnos ese día, en que pusimos nuestro espíritu y cuerpo en sus manos.


Dedicamos también, nuestras oraciones por las víctimas del terrorismo, no sólo de Barcelona, sino del mundo entero, pidiendo a la Santísima Virgen de los Desamparados que interceda para que pueda llegar la paz y eliminar las guerras.
Rogamos porque la furia de la naturaleza no cause más estragos ni dolor, dando a los pueblos la capacidad de salir fuertes y vigorosos ante los desastres.

Pedimos por ellos, por los enfermos y por nuestros difuntos que han partido a encontrarse con el Señor, también, suplicamos que nos de fortaleza para superar las adversidades, y por cada uno de nosotros que tenemos la responsabilidad de pertenecer a una de las Hermandades del Señor de los Milagros y que de ésta manera, la fe y devoción siga creciendo.

Cada uno de nosotros llegamos al mundo con nuestros hermanos de sangre, nos podemos llevar bien o mal con ellos, pero aquí, a la Hermandad y a la Iglesia, llegamos por nosotros mismos, escogimos formar y pertenecer a una Hermandad y ser HERMANOS en Cristo. Nadie nos ha obligado a ello. Somos hermanos y tenemos que caminar juntos como una sola familia en bien de nuestra Hermandad pero sobre todo, en bien de nuestro espíritu y de la Santa Madre Iglesia.

Hablamos sobre que tenemos que interiorizarnos sobre los fundamentos de la fe, participar de la Eucaristía, escuchar o leer todos los días el evangelio como si el Señor nos hablara a nosotros e intentar entender sus palabras y su enseñanza y actuar como Él nos habla cada día.

Estamos en una etapa en que debemos crecer y conocer más sobre la doctrina de Cristo y desear parecernos a Él. Esa es la meta, intentar ser santos y para ello, debemos obrar bien y hacer el bien.

Así, entre todos los Hermanos asistentes, nos tenemos que comprometer, sintiendo el honor y privilegio de ser hermanos del Señor de los Milagros, y vivir nuestra “Cuaresma peruana” como llamó el Papa Juan Pablo II al mes de octubre, mes morado un año más.

Intentamos que no haya sido un día o una reunión más, sino un día de reconfortarnos espiritualmente y salir fortalecidos en nuestra fe como Hermandad.
Nos bendijo nuestro Director Espiritual, Rvdo. José Ricardo Albelda, la Monición estuvo a cargo de la Mayordomo General Hermana Virginia Oviedo, el tema Evangélico y su desarrollo estuvo a cargo del Secretario de Culto, Hermano José Varela, a quien agradecemos su compromiso y buen hacer.

Día de oración, intercambiar ideas para seguir éste camino que el Señor nos regala y caminar de su mano.


La Directiva
HSMV 


viernes, 8 de septiembre de 2017

SANTA ROSA - PERUANOS EN GANDÍA

El pasado domingo 03 de Septiembre 2017, nuestra Hermandad del Señor de los Milagros de Valencia, ha tenido el gran honor de participar en la Santa Misa en honor a Santa Rosa de Lima; organizada por Peruanos en Gandía.

Nuestro agradecimiento por la invitación y por compartir un año más, una parte importante de nuestra fe y devoción católica.

SANTA ROSA DE LIMA



Isabel Flores de Oliva nació en Lima (Perú) el 20 de abril de 1586 y fue bautizada el 25 de mayo de ese mismo año. Aunque su nombre verdadero era Isabel, en honor a su abuela materna, una india que servía a la familia, la llamaba Rosa debido a que la niña tenía una extraordinaria belleza. Solamente sus parientes se dirigían a ella con ese nombre.
Junto a su hermano Fernando recibió una esmerada educación, algo excepcional para su época, y tuvo una profunda formación espiritual.
Cuando tenía once años, su padre fracasó en la explotación de una mina y la familia enfrentó problemas económicos. Se mudaron a Quives, un pueblo cerca de Lima.
En 1597, Santo Toribio de Mogrovejo, el entonces Arzobispo de Lima, le administró el sacramento de la Confirmación y la llamó Rosa.
Al cumplir 20 años, la familia volvió a la capital. Isabel trabajaba todo el día en el huerto y durante la noche cosía ropa de familias pudientes para colaborar con el sostenimiento de su casa. A pesar de las dificultades, era una mujer feliz.
Su intenso amor por el Crucificado la llevó a hacer un voto de virginidad. Consciente de su belleza, la Santa se restregaba la piel con pimienta para desfigurarse.
En una ocasión, su madre le puso una corona de flores en la cabeza para lucirla ante unas visitas. Rosa se clavó una de las horquillas para hacer penitencia por esa vanidad.
Otro día una mujer destacó la suavidad de sus manos y la finura de sus dedos. Inmediatamente la joven se talló las manos con barro. Santa Rosa de Lima luchó para arrancar el amor propio y la vanidad de su corazón. Realizaba intensos ayunos y pasaba las noches en vela haciendo oración.
Se mortificaba con una cinta de plata alrededor de su cabeza, cuyo interior estaba lleno de puntas, para compartir los sufrimientos de Cristo con la corona de espinas.
Sus padre intentaron casarla pero ella defendió su vocación. El 10 de agosto de 1606 ingresó como Terciaria en la Orden de Santo Domingo, imitando a Santa Catalina de Siena, su maestra espiritual. Por sugerencia de un sacerdote, aceptó que la llamaran Rosa de Santa María.
Con la ayuda de su hermano Fernando construyó una ermita en un rincón del huerto de su casa donde oraba y realizaba sus mortificaciones. Ahí de jueves a sábado tenía experiencias místicas y experimentaba los sufrimientos de la Pasión.
Santa Rosa salía de su ermita para ir a la iglesia de la Virgen del Rosario y para atender a los enfermos y esclavos. En estas labores era acompañada por San Martín de Porres. Ambos santos fueron amigos y los enfermos acudían a ellos para buscar la sanación.
Su amor a Dios era tan ardiente que su tono de voz cambiaba y su rostro se encendía cuando hablaba de Él, lo que reflejaba el sentimiento que embargaba su alma. Lo mismo sucedía al estar en presencia del Santísimo Sacramento y cuando comulgaba.
Santa Rosa sufrió la persecución y burla de sus amigos y familiares durante muchos años. Esta situación le causaba una profunda desolación espiritual. También era tentada constantemente por el demonio.
En 1615, un grupo de piratas quiso atacar la ciudad de Lima. Cuando ya estaban en el puerto del Callao, Santa Rosa y otras mujeres fueron a la iglesia de la Virgen del Rosario para rezar ante el Santísimo Sacramento. Incluso la Santa puso su cuerpo delante del sagrario para protegerlo.
Días después murió el capitán de los piratas y estos se alejaron de la ciudad. Todos los limeños atribuyeron este “milagro” a Rosa.
La salud de la Santa decayó y fue a vivir con un matrimonio muy piadoso, Don Gonzalo de Massa y su mujer Doña María Uzategui. La pareja la consideraba como una hija y la cuidaron durante tres años hasta su muerte.
En medio de los sufrimientos, la joven oraba: “Señor, auméntame los sufrimientos, pero auméntame en la misma medida tu amor”.
En el año 1617, durante el Domingo de Ramos ocurrió su “desposorio místico”. Mientras oraba delante de la Virgen del Rosario, el Niño Jesús le dijo: “Rosa de mi Corazón, yo te quiero por esposa”. Ella le respondió: “Señor, aquí tienes a tu inútil esclava; tuya soy y tuya seré para siempre".
En la Iglesia de Santo Domingo en el centro de Lima se conserva la loseta sobre la cual estaba de pie la Santa cuando sucedió el desposorio.
Santa Rosa de Lima murió el 24 de agosto de 1617 a los 31 años. Durante su entierro, toda la ciudad se despidió de ella. Entre los asistentes se encontraban altas autoridades eclesiásticas, políticas y el virrey.
Muchas personas se acercaban al cadáver para arrancar un trocito de su hábito y tenerlo como reliquia. Al final los guardias tuvieron que dispersar a la gente porque llegaron incluso a arrancarle un dedo del pie.
Fue sepultada en el claustro del Convento de los Dominicos y en 1619 en la capilla Santa Catalina de Siena. Su cráneo se encuentra en la iglesia de Santo Domingo junto a los cráneos de San Martín de Porres y San Juan Macías.
Fue canonizada por el Papa Clemente X en 1671 y se convirtió en la primera Santa de América. El mismo Pontífice la declaró patrona principal del Nuevo Mundo (América), Filipinas e Indias Occidentales.
"Probablemente no ha habido en América un misionero que con sus predicaciones haya logrado más conversiones que las que Rosa de Lima obtuvo con su oración y sus mortificaciones", dijo el Papa Inocencio IX al referirse a ella.
En 1992 San Juan Pablo II expresó que la vida sencilla y austera de Santa Rosa de Lima era “testimonio elocuente del papel decisivo que la mujer ha tenido y sigue teniendo en el anuncio del Evangelio”.

Bendición de la Junta Directiva del Grupo Cultural Sentimiento Perú

Nuestra Hermandad ha tenido el honor de participar en la Bendición de la nueva Junta Directiva del Grupo Cultural Sentimiento Perú el pasado día sábado 12 de Agosto 2017, en la Real Parroquia El Salvador y Santa Mónica.

Nuestros parabienes en ésta nueva etapa de trabajo y de ofrecer lo mejor del arte folklórico del Perú en Valencia, avalados durante ocho años de labor ininterrumpida.



viernes, 25 de agosto de 2017

LOS MILAGROS DEL SEÑOR DE LOS MILAGROS

 Los primeros milagros del Cristo de Pachacamilla o Señor de los Milagros

La devoción al Cristo Moreno, nace por sus primeros milagros tangibles a ojos del pueblo y autoridades, que no tuvieron más remedio que aceptar que aquella imagen, era algo mucho más que una simple pintura.


El Terremoto de 1655


El 13 de noviembre de 1655 a las 14:45 horas, tuvo lugar un terrible terremoto que estremeció Lima y Callao, derrumbándose templos, mansiones y las viviendas más frágiles, ocasionando miles de víctimas mortales y damnificados. El terremoto afectó también la zona de Pachacamilla y las viviendas igualmente se derrumbaron. Todas las paredes del local de la cofradía se derrumbaron, produciéndose entonces el primer milagro: el débil muro de adobe en donde se erguía la imagen de Cristo quedó intacto, sin ningún tipo de resquebrajamiento.

El milagro a Antonio de León
Posterior al milagro del terremoto de 1655, aproximadamente en 1670, Antonio de León (Raúl Banchero le llama Andrés de León, mientras Rubén Vargas Ugarte, Antonio de León), un vecino prominente de la Parroquia de San Sebastián que padecía de terribles dolores debido a una metástasis en el cerebro, fue comunicado por una esclava sobre el Cristo Moreno y sus milagros. Este, al no encontrar solución en médicos y curanderos, acudió a la imagen, velando por su cuidado y culto. A raiz de la fe de Antonio de Leon al Cristo, milagrosamente sus dolores desaparecieron.

Reprobación de las autorides

Las reuniones para venerar la imagen eran los viernes por la noche, alumbrados por las llamas de cera; llevaban flores, perfumando el ambiente con el sahumerio, entonando plegarias acompañándose de arpa, cajas y vihuelas. Con el tiempo, se fue incrementando la peregrinación. Muchas veces se produjeron hechos de índole distinta a las prácticas religiosas. Viendo con malos ojos todos estos hechos el Párroco de San Sebastián, José Laureano de Mena, hace de conocimiento al entonces virrey Conde de Lemos, don Pedro Antonio Fernández de Castro que intervenga como autoridad, para que prohibiese las reuniones y que diera la orden irrevocable de borrar al Cristo, ya que, según su criterio, estaba fuera de los cultos religiosos. El Virrey traslado la solicitud a la máxima autoridad eclesiástica que era en ese momento el Provisor y Vicario General Esteban de Ibarra, por haber fallecido el Arzobispo Pedro de Villagomez. Este envió el 4 de septiembre al sitio al promotor Fiscal del Arzobispado José Lara y Galván, Laureano de Mena y el Notario Juan de Uría, quienes verificaron la existencia de la imagen del Cristo Crucificado, una concurrencia de unas doscientas personas que entonaron el salmo miserere «Tibi soli peccavi» y la presencia del sacristán de la Parroquia de San Marcelo José de Robledillo, a quien José Lara le llamó la atención de autorizar con su presencia tal tipo de reuniones, se armó un tumulto en que los congregados en el lugar rodearon a los representantes eclesiásticos que se vieron obligados a abandonar el lugar.

Esteban Ibarra dictaminó que se prohibiesen tales reuniones y que se borrase la imagen, por lo cual entre el 6 y el 13 de septiembre de 1671, y se constituyó al lugar un comité especial dispuesto por el Promotor Fiscal del Arzobispado José Lara y Galán, un notario, posiblemente el mismo Juan de Uría, un pintor indígena de brocha gorda y el capitán de la guardia del Virrey, Pedro Balcazar, escoltado por dos escuadras de soldados para el caso que se produjesen desmanes por la cantidad de curiosos y vecinos que rodeaban el lugar.

El primero en intentarlo fue el pintor que al momento de subir por la escalera hacia la imagen comenzó a sentir temblores y escalofríos, teniendo que ser atendido, intentó de nuevo proseguir con su tarea, pero al subir otra vez, fue tal su impresión que bajó raudamente y se alejó asustado del lugar sin concretar el encargo. El segundo hombre, se acercó a la imagen, pero algo vio en ella que le hizo desistir de raspar la imagen. El tercero, fue un soldado real de ánimo más templado, éste subió, pero bajó rápidamente explicando luego que cuando estuvo frente a la imagen, vio que ésta se ponía más bella y que la corona de espinas se tornaba verde.

Ante la insistencia de las autoridades por borrar la imagen, la gente manifestó su disgusto y comenzó a proferir grandes voces. En vista de lo cual el virrey y el vicario Ibarra decidieron revocar la orden y el Vicario Ibarra autorizó su culto. Luego de una visita del virrey y su esposa, dispusieron se levante una ermita provisional. El 14 de septiembre de 1671 se celebraría la primera misa oficial en la ermita.

lunes, 14 de agosto de 2017

PINTURA DEL CRISTO DE PACHACAMILLA

PINTURA DEL CRISTO DE PACHACAMILLA



Cerca al año 1651, cuando reinaba el Papado de Inocencio X, en el Perú, el Virrey García Sarmiento de Sotomayor y como Arzobispo de Lima, Pedro de Villagómez, los negros angolas se agremiaron y levantaron el local de su cofradía en la zona de Pachacamilla, en las afueras de Lima. En la actualidad es la zona de Las Nazarenas.

En la sede de la cofradía, o pre-cofradía como postula Antonhy de la Cruz, en una de sus paredes de adobe del galpón, un esclavo angoleño negro llamado, según se cree Benito, o Pedro Dalcón, plasmó la imagen de Cristo crucificado. La imagen fue pintada al temple en una pared tosca, cerca de una acequia de regadío, de un acabado imperfecto, además hay que resaltar que el anónimo pintor no tuvo estudios completos de pintura, y que ejecutó la obra por su propia devoción a Cristo.

Pintura que perdura en el tiempo en el altar mayor del Templo de Las Nazarenas de forma majestuosa y que es visitada por miles de fieles peruanos y extranjeros.